Escribir o vivir
Vivir para escribir. ¿Eso conviene?
La mente siempre alerta, prevenida, esperando con ansia la venida
de ese verso que viene o que no viene...
Este oficio tan raro es lo que tiene: puede hacer que se pierda la medida y el ritmo, no del verso, de la vida; incluso que uno tanto se enajene
que pierda por completo la visión
de lo que importa para que el poema parezca (en forma, fondo, tono, tema...)
verdad. A fin de cuentas, su razón
de ser (ser o no ser, siempre el dilema). Escribir y vivir. Sin más cuestión.
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