Esa pugna entre guerra y paz acompaña desde sus orígenes a la historia humana.
Hay también una raíz religiosa en ese dualismo, y se ha querido llevar al interior de la consciencia y de
la mente del hombre, de su sensibilidad y de sus sentimientos, ese enfrentamiento.
De ahí la deriva psicológica, no solo la opción moral y ética de elegir entre paz y guerra. En realidad,
siempre se ha querido enmascarar de una envoltura pro-paz, el verse forzado a la acción violenta de
guerra.
La doctrina clásica de la guerra justa encontraba múltiples pretextos para la acción militar de guerra.
Incluso el derecho humanitario exigía formalidades para el inicio de la guerra: negociaciones previas,
condiciones pactadas de reglas de comportamiento tanto con los militares como con los civiles, aviso
previo del ataque.
En la hora actual de la tecnología de la destrucción masiva, del aniquilamiento total, esta doctrina de la
guerra justa se ha derrumbado.
¿Por qué continúa la dinámica de la guerra? Por el gigantesco negocio de la venta de armas, por esos
especuladores-productores que necesitan el clima y la acción de guerra. También por esos poderosos
que solo gozan por el abuso del poder y, en especial, por la destrucción de sus adversarios.
Pese al desquiciamiento del orden geopolítico mundial no cesan esas escaramuzas crecientes de guerra.
El detonante en este libro lo provocó el impacto de la invasión rusa de Ucrania, en 2022, sin aviso previo
y con afirmaciones anteriores de que nunca se iba a realizar tal invasión. Ni siquiera se le quiso llamar
guerra a tal acción de conquista, sino acción especial , y matanza indiscriminada de civiles en las primeras
aldeas conquistadas por las tropas invasoras.
Cuatro años después del inicio de aquella guerra se ataca ahora a Irán y al Líbano, también sin declaración
previa de guerra, ni la preceptiva autorización del Congreso de EEUU. ¿Hasta cuándo?
La cultura de paz es un imperativo de nuestra especie y no podemos cesar de luchar por ella.
RELACIONADOS POR TEMÁTICA